El fin de la Pobreza de Jeffrey Sachs

Posted :
5 de junio de 2026
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Alberto Frydman

Jeffrey Sachs es una de las principales autoridades mundiales en economía del desarrollo, lucha contra la pobreza y desarrollo sostenible. Ha asesorado a las entidades de más alto nivel como la ONU, diversos gobiernos de Europa, África, Latinoamérica, presidentes, y ha diseñado políticas públicas junto a premios nobel como Amartya Sen. Ha sido un crítico severo de las políticas económicas recomendadas por el FMI y el Banco Mundial en los países en desarrollo, entidades multilaterales que tratan de implantar un modelo económico rígido a realidades muy distintas.

La idea central de El fin de la pobreza es que cada país pobre tiene una historia, geografía, cultura, y recursos naturales distintos, por consiguiente, para poder salir del subdesarrollo se requiere de un análisis profundo y meticuloso -no desde un escritorio a miles de kilómetros de distancia- y como consecuencia aplicar un trato diferenciado a cada realidad[i]. El libro fue escrito en el año 2005 y se traza un horizonte de 20 años como meta para acabar con la extrema pobreza en el mundo. Sachs narra la experiencia que tuvo al asesorar a más de un centenar de gobiernos, y nos transmite el mensaje que los países más pobres no pueden salir por sí solos del subdesarrollo, que no hay una solución única para todos los problemas, y que por sí mismo un gobierno honesto y bien intencionado es necesario, pero no suficiente para acabar con la pobreza. El economista trata de transmitir la idea que para llegar al primer peldaño del desarrollo se requiere en muchos casos la ayuda internacional y en todos los casos un buen diagnóstico diferencial.

Esa tesis se va aclarando después de leer las más de 500 páginas llenas de cifras, cuadros, diagramas, y estadísticas, -pero también anécdotas y conversaciones privadas- recopiladas por Sachs al asesorar a las máximas autoridades en cada uno de esos países. En el libro explica cómo fue delineando una solución para los problemas más acuciantes, según las circunstancias de cada uno, pero reconociendo también que no siempre logró conseguir el apoyo que requería, sobre todo en sus propios colegas de Estados Unidos. En su peregrinaje por el mundo encontró diversos tipos de problemas y muy disimiles entre sí: las enfermedades (la malaria en África), la hiperinflación (Bolivia), la cultura (India), la poca apertura de la economía (Rusia), la ubicación geográfica.

Sachs está tan convencido que cada país tiene una gama de problemas diferente que dedica algunas páginas a refutar la tesis de Hernando de Soto sobre el misterio del capital: la formalización de las tierras, el acceso a la formalidad y la reducción de trámites no constituyen la única palanca para salir del subdesarrollo, de hecho, hay varios países asiáticos que pudieron asomarse al desarrollo pero que aún acarrean los mismos problemas de titulación de sus propiedades. Factores económicos como las rentas iniciales, los niveles educativos, las tasas de fecundidad, el clima, la política comercial, la proximidad a los mercados, la calidad de las instituciones, las vías de comunicación, entre otras, son igual o más determinantes que los derechos de propiedad. Se debe diagnosticar un país como la enfermedad en un cuerpo humano, tomando en cuenta el historial médico y las variables que pueden interactuar entre sí. Para Sachs lo más importante es saber hacerse las preguntas correctas, y esa es justamente una de las críticas que les hace a los economistas del FMI.

Un tema central del libro es la necesaria condonación de la deuda externa para los países que se encuentran en la trampa de la pobreza. Según sus cálculos se necesitaría tan solo el 0.7% del PBI de los países industrializados para acabar con la pobreza extrema y ayudarlos a que suban al primer peldaño de la escalera del desarrollo. Sachs define tres niveles de pobreza; la pobreza extrema en la cual las familias no pueden hacer frente a las necesidades básicas para la supervivencia. Este tipo de pobreza solo se presenta en países en vías de desarrollo. El concepto de pobreza moderada se refiere a unas condiciones de vida en que las necesidades básicas están cubiertas, pero solo de modo muy precario, mientras que la pobreza relativa se interpreta habitualmente como el nivel de ingresos familiares situado por debajo de un porcentaje de la renta media nacional. Los que caen en la categoría de pobres relativos no tienen acceso a bienes culturales ni actividades de ocio y diversión, como tampoco a salud o educación de calidad, ni otras ventajas que favorecen la movilidad social ascendente[ii].

Algo que aprendí al leer El fin de la pobreza es la existencia de seis tipos de capital con el que cuentan los países: humano (salud, nutrición, educación), empresarial e industrial, infraestructura, natural (recursos naturales, biodiversidad), institucional (poder judicial, legislación comercial), intelectual (saber científico y tecnológico). Esta clasificación me hizo reflexionar sobre nuestra realidad. En el Perú contamos con varios tipos de recursos naturales, una buena ubicación geopolítica, biodiversidad, pero carecemos de lo más valioso: el capital humano. Los peruanos no tenemos buena educación, no confiamos unos en otros, no somos francos ni honestos al hablar y otros defectos que podemos encontrar en los libros de historia y sociología. Además, somos varios países dentro de uno, todos con una visión diferente del mundo y diversas lenguas que la expresan, lo que dificulta lograr un consenso sobre lo que entendemos por desarrollo. Ese desarrollo depende también en gran parte de la vida política, que, en el caso peruano, señala, ha sido violenta y conflictiva.

En ninguna parte del libro menciona reformas de primera o segunda generación, conceptos que escucho a menudo cuando se quiere justificar un modelo económico que aún no ha generado desarrollo. Las economías prósperas son las que invierten en todas las necesidades transversales -infraestructura, salud, educación- y dejan al sector privado que se ocupe de las inversiones que requieren mayor especialización.

Entre todos los países que asesoró el profesor Sachs es China el que más le habría llamado la atención. La teoría de las ventajas comparativas parecería no funcionar en el desarrollo de ese enorme país, y por si fuera poco, la economía de libre mercado fue promovida, irónicamente, por un partido comunista. El país asiático es un caso que refleja nuevamente que las recetas del FMI no funcionan igual para todos, lo que se puede deducir de la famosa frase de Deng Xiaoping «no importa de qué color sea el gato, lo importante es que cace ratones».  A diferencia de las terapias de choque aplicadas en Polonia o Rusia, China optó por reformas progresivas y experimentales, únicas, combinó la apertura al comercio exterior con inversión masiva en infraestructura y capital humano. Pero todo esto lo hizo bajo la tutela del estado que se encargó de dirigir esas inversiones y establecer sus prioridades.

Cuenta Sachs que las escaramuzas que mantuvo con el FMI y el Banco Mundial empezaron cuando se dio percató que los consejos de dichos organismos eran rígidos y con algunos puntos débiles. De hecho, demuestra su malestar hacia los economistas de esas instituciones por no entender ni sumergirse adecuadamente en la realidad de cada país; la macroeconomía es importante, pero tiene un poder limitado ante los enormes problemas que se requieren resolver para poder alcanzar el desarrollo. Sachs ejemplifica esta idea con los pormenores de la asesoría que proporcionó al gobierno boliviano “…yo empezaba a comprender que el fin de la hiperinflación no comportaba el fin del sufrimiento ni de la pobreza extrema”. Es interesante que para entender la diversidad de problemas existentes en Bolivia recurrió a gente ajena a la economía, como a antropólogos. Si hubiera asesorado al Perú, le habría recomendado que incluya también historiadores, filósofos, antropólogos y sociólogos.

El caso de Rusia también es interesante, pues ejemplifica que si bien algunas empresas estatales deben privatizarse para mejorar su eficiencia, este proceso debe ser técnico y transparente. En cambio los procesos de privatización que se realizaron en ese país fueron delictivos y fraudulentos, tanto es así que en Rusia se privatizó recursos por un valor de 100,000 millones de dólares a un valor de 1,000 millones, es decir al 1% de su valor real.

En el capítulo «Mitos y magia en la lucha contra la pobreza» muestra que no existe una relación directa entre el Índice de Libertad Económica de la fundación Heritage y el crecimiento económico. En ese sentido este capitulo es especialmente importante ya que elabora varias criticas al fundamentalismo de mercado; de hecho, Sachs señala que los libros de economía sirven muy poco para entender los problemas de desarrollo, afirmación inusual en un economista. Para salir del subdesarrollo se requiere inversión pública masiva, ayuda internacional coordinada, infraestructura básica, salud y educación antes de que el mercado pueda funcionar eficientemente. La mala salud genera pobreza y la pobreza contribuye a la mala salud. No lo dice explícitamente, pero del libro se puede colegir que la calidad de la educación y de la salud no pueden ser medidas en términos de eficiencia, sino de su eficacia para salir del subdesarrollo. La eficiencia y la democracia no siempre van de la mano.

El capítulo «Qué inversiones que hay que realizar para erradicar la pobreza» es especialmente importante para el Perú. En él se muestra un sencillo ejemplo numérico de cómo funciona la trampa de la pobreza y explica la razón por la cual es tan necesaria la ayuda externa: «con independencia del tesón con que pueda intentarlo un gobierno -a través de impuestos, contribuciones o privatización-, los hogares pobres simplemente no disponen de la renta necesaria para satisfacer sus necesidades básicas, y al mismo tiempo financiar la acumulación de capital. Los escasos ingresos solo sirven para comer y procurarse ropa, una vivienda y otras necesidades básicas».  Sachs reivindica la necesidad de las inversiones públicas que han llevado a cabo los países desarrollados, y las justifica explicando que a un monopolio público le resulta más eficiente ofrecer la red de infraestructuras y establecer debido a ello un precio eficiente, inferior al que fijaría un monopolio privado. Esta misma idea es desarrollada en El precio de la desigualdad del premio nobel Joseph Stiglitz.­­

El libro cierra con un mensaje alentador: si nos lo proponemos, con la ayuda necesaria de los países ricos y con cierta condonación de la deuda externa, podremos poner fin a la pobreza.


[i] Esto me hace acordar al famoso inicio de la novela Ana Karenina de Tolstoi:  Todas las familias felices se parecen, y cada familia infeliz lo es a su manera.

[ii] Me pregunto cómo Sachs definiría a la clase media, dado que en Perú se define, con el umbral de S/. 1,066. Yo estimo que para Sachs alguien que gana esa cifra estaría catalogado como pobre

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