El Instituto Peruano de Economía (IPE) es probablemente el centro de investigación económica con más influencia en el debate público peruano, una gran influencia que ha venido siendo empujada, entre otros, por grupos privados de interés. Sus publicaciones y directores aparecen en los principales medios impresos, columnas de opinión, canales de televisión tradicionales, en las radios y en los más importantes podcasts empresariales. Estos centros de investigación -y me atrevo a decir también de propaganda corporativa- se conocen en el mundo económico como think tanks.
El premio nobel Milton Friedman señalaba en ‘Libertad de elegir’ que los grupos de interés buscan posicionar la idea de que su interés particular coincide siempre con el interés general, y que debido a ello se genera prosperidad para el país en el que operan. Sin duda Friedman tenía razón sobre ese señalamiento, pues los think tanks han sido un medio eficaz para divulgar las ideas corporativas en todo el mundo. Claro está que el interés particular genera prosperidad cuando exista un libre mercado, competencia e información disponible para todos por igual.
El IPE se denomina «peruano» porque está domiciliado en el Perú y estudia temas relacionados a la economía del país, no obstante, no debemos confundir necesariamente el nombre «peruano» con el interés de todos los peruanos. Es un juego de palabras en el que lo privado aparece como público, muy usual en las políticas que algunos llaman neoliberales (ojo, neoliberales no son liberales). El IPE no es un instituto público, como si lo es, por ejemplo, el Instituto Peruano de Energía Nuclear (IPEN). Las investigaciones y publicaciones del instituto se centran por supuesto en los problemas del país, sin embargo, algunos están permeados también con las ideas e intereses de las empresas que los patrocinan – bancos, AFP, corporaciones. Otros estudios -que para mí son más importantes- simplemente se dejan de lado, quizás por la sencilla razón que no se consideran un problema.
Quiero decir que el IPE publica artículos estupendos sobre la inversión, las reformas postergadas, infraestructura del país, la desconfianza entre los peruanos, y muchos otros temas de interés. Pero también es cierto que varios de ellos dejan de lado variables que podrían ayudar a explicar los problemas en los que el mismo instituto se centra. Los temas que son incómodos al poder económico no forman parte de su agenda y cuando lo hace no cuestiona suficientemente lo que compromete a sus auspiciadores, o sea a los capitales privados que lo financian. De esto tengo historias a nivel personal que contaré en otra columna.
Yo no me había percatado de ello plenamente hasta que empecé a investigar las dinámicas económicas del país y entendí que los think tanks no son siempre espacios neutrales, sino parte de una infraestructura de poder que moldea las reglas a favor de ciertos intereses económicos. De hecho, el IPE posee tal fuerza que fija gran parte de la agenda en los medios, y con ello una captura intelectual del debate económico. En general los centros de pensamiento privados actúan como cajas de resonancia de sus patrocinadores, más que como espacios abiertos y plurales. La razón es obvia, nadie muerde la mano que le da de comer.
El investigador Francisco Durant reseña que el IPE fue fundado a principios de los años noventa por el Banco Mundial, el MEF, y la CONFIEP, y por ello desde ese momento en la práctica las políticas públicas fueron privatizadas. En sus comienzos el IPE fue presidido por el economista Roberto Abusada para que asesorara al MEF en materia de políticas públicas y luego dirigido por el exministro Camet, que integraba el directorio del IPE y del BCP al mismo tiempo[i]. El politólogo Alberto Vergara ha escrito ya hace una década acerca de la influencia del IPE en el MEF, por ejemplo, al referirse a las ideas de Fritz Du Bois, director del diario Perú 21 en ese entonces, respecto de las elecciones en el año 2011: «… no provienen de sus arraigadas convicciones libertarias, sino de su nostalgia por aquellos maravillosos años noventa en que él y sus colegas del IPE no dejaban de ocupar puestos clave en el MEF…»[ii]
Sabemos cómo se financia al IPE, pero no podemos saber cuánto financiamiento recibe, ni cómo elige o prioriza sus áreas de estudio. Varios de los medios de comunicación que son, a su vez, financiados por los mismos auspiciadores, muestran la imagen del IPE como un instituto independiente, promotor del libre mercado y el liberalismo. Pero si uno revisa la elección de sus investigaciones, no siempre van de la mano con esos principios, sobre todo por los temas que dejan de lado. Es importante recordar que un liberal es siempre un agitador de consciencias[iii], un permanente inquisidor del orden establecido, lo que implica dejar de ser políticamente correcto y hacer las preguntas incómodas.
Se tiene la impresión que las opiniones y estudios del instituto son técnicos, no políticos, y aquí quisiera detenerme. Una decisión técnica, desde mi perspectiva, es en primera instancia, la que se guía por las prioridades del país que se señalan la Constitución Política (remarquemos la palabra “Política”), y segundo, la que irroga el menor costo y genera el mayor beneficio para la sociedad; las acciones que de ella se desprenden pueden recaer en el sector privado, en el público o en ambos. Cabe mencionar que según Joseph Stiglitz en algunas ocasiones el estado es más eficiente que el sector privado debido a sus capacidades y economía de escala[iv]. Es decir, es más barato para la sociedad que el estado tome acción en esas circunstancias, idea que también comparte Jeffrey Sachs. Pero creo que esa idea no se toma en cuenta suficientemente en las premisas del IPE.
Muy esporádicamente el IPE se refiere a la Constitución Política – exceptuando obviamente el capítulo económico -, y a la persona como fin supremo de la sociedad, a su libertad, a su libre desarrollo, a gozar de un ambiente equilibrado. Para el IPE es como si el capítulo económico tuviera una prioridad absoluta sobre el resto de la Constitución, como si este flotara en una dimensión diferente y en una realidad paralela que no se enmarca en capítulos previos que lo guían y contextualizan. Por ello el instituto ya ha recibido críticas de ciertas ONG en relación al sesgo conceptual en sus puntos de vista[v].
Al revisar sus investigaciones uno siente que solo existen las empresas, los capitales, las inversiones, la inflación, la eficiencia, la competitividad. “Hay que hacer atractivo el Perú a las inversiones” parece decir, pero se olvida que el Perú primero debe ser atractivo para los propios peruanos. Las inversiones deben estar enfocadas en generar trabajo de calidad y en mejorar la calidad de vida: salud, infraestructura, parques públicos, música, deporte, tiempo libre, transporte, educación y un sinfín de prioridades o premisas que están señaladas en la Constitución previamente al capítulo económico, y por las cuales dicho capítulo existe y se subordina. Si el IPE propone, con toda razón, que vengan más inversiones al país, me pregunto ¿por qué no investiga a fondo y sostenidamente los abusos de posición de dominio y los comportamientos anticompetitivos que desalientan esa inversión? Hasta donde sé, el sistema financiero conforma un oligopolio de cuatro bancos. Asimismo, la asociación de bancos que patrocina al IPE ¡es presidida por la misma persona que fue el Superintendente de Banca y Seguros hace una década! Este tipo de puertas giratorias son moneda corriente que el IPE omite criticar y señalar en sus publicaciones. [vi]
Cuando una institución depende del poder económico se presentan inevitablemente fenómenos como los conflictos de intereses[vii] y las puertas giratorias entre el sector público y privado, lo que se conoce como “crony capitalism”[viii]. Joseph Stiglitz explica en El precio de la desigualdad, que estos fenómenos son raramente denunciados por los medios a menos que exista un periodismo económico y de investigación absolutamente independientes. Cuando se permiten y se soslayan esas formas de actuar, la mano invisible del mercado señalada por Adam Smith se convierte en la mano invisible del poder en las sombras.
Veamos ejemplos. ¿Es legítimo y “técnico” que el director del IPE sea al mismo tiempo director del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP)? Las políticas del BCRP influyen directamente en las utilidades de los bancos y de las AFP, pero como hemos visto el IPE es financiado por ambos. Nadie que dirija el IPE puede estar en el directorio del BCRP, no obstante, parece que ningún economista se ha dado cuenta. De igual manera ¿es legítimo que el director del IPE sea al mismo tiempo miembro del consejo fiscal del Ministerio de Economía? Dicho comité emite opinión sobre reglas que afectan directamente a los bancos (impuestos, deuda, regulación financiera, uso del sistema financiero para política fiscal, etc.). Con el IPE sentado en ambas mesas, los bancos y corporaciones tienen cubierta su influencia en las decisiones económicas, al menos para vetar gran parte de la regulación que no les guste. Permitir esos conflictos de interés y los lobbies que no son transparentes nos cuestan miles de millones de soles al año, y pérdida de libertades.
Al mismo tiempo cuando un gerente del IPE recibe entrevistas en los medios estas se tornan absolutamente complacientes, sin ángulo crítico, o sin repregunta o discusión. Las cosas son así porque el IPE lo dice y el entrevistador agacha la cabeza. Ningún economista del establishment o entrevistador querrá contradecirlo públicamente, por miedo a ser vetado en el mundo corporativo y ver limitada su carrera profesional.
No exagero si afirmo que desde hace décadas la vida del peruano promedio sigue siendo miserable, con miedo y en la precariedad constante. Eso tiene que cambiar, y radicalmente. Tenemos que democratizar las decisiones económicas, poner contrapesos reales, periodistas valientes, y pensadores que vean el desarrollo de una manera integral, basándose en las prioridades del país, y echando mano del espíritu disconforme del liberalismo.
[i] Francisco Durand. La crisis de las AFP.
[ii] Alberto Vergara. Ciudadanos sin República. ¿Qué y como piensa la élite que no es élite?
[iii] Mario Vargas Llosa. La llamada de la Tribu
[iv] Joseph Stiglitz. El precio de la desigualdad.
[v] https://cooperaccion.org.pe/opinion/vacios-y-desequilibrios-detras-de-la-ideologia-de-la-competitividad/
[vi] Reportaje del periodista Christian Hudtwalcker. https://www.youtube.com/watch?v=vF_Rq_y7o4c
[vii] https://www.gob.pe/17007
[viii] Francisco Durand. La Crisis de las AFP
