Robert Reich es una persona peculiar, fue ministro de trabajo de Bill Clinton (con el cual estudio en Oxford) y fue el que lo presentó con la que seria su esposa Hillary. Además de ser profesor de Berkley y autor de varios libros sobre el capitalismo y la sociedad americana, es un extraordinario narrador; resume los conceptos difíciles en lecciones de fácil acceso para quien no es especialista en políticas económicas, lo cual se puede comprobar en el documental que dirigió llamado “Desigualdad para todos”.
La pregunta que trata de responder Robert Reich en su libro “Salvando el Capitalismo” refiere a qué sucedió con el sistema capitalista del siglo XX, qué paso con ese sistema que hizo de Estados Unidos un país grande y de prósperas clases medias, ese periodo glorioso al que se refiere el eslogan político “make america great again”. En el libro no se mencionan las palabras “neo liberalismo”, “liberalismo”, ni “comunista” lo que hace de su lectura un disfrute y un escape a los debates ideológicos y políticos. Es un libro absolutamente técnico en el sentido que muestra hechos y resultados sin ningún tipo de terminología rara o rebuscada.
A primera impresión uno pensaría que es difícil salvar a un sistema económico que está hecho en base a codicia, egoísmo y poder, pero el autor no niega esas características, lo que hace es explicar que para contrarrestar esas fuerzas siempre hubo controles y contrapesos que permitieron un equilibrio entre los capitalistas, los trabajadores y los consumidores. Pero desde fines de los años 70s ya no es más así, los contrapesos fueron desapareciendo y el poder económico y financiero fue tomando control sobre la sociedad. La amenaza al capitalismo paso de ser el comunismo o el fascismo a ser las reglas del propio sistema. No vale la pena exponer las razones en este resumen, pero invito a leer el primer capítulo del libro al que tenga interés en ello.
La discusión actual se ha centrado equivocadamente en la contraposición entre estado y mercado, cuanto más o cuanto menos en cada lado, pero esa pregunta no nos lleva a ningún lado y al contrario esconde la pregunta verdadera que nos debemos hacer: ¿Quién elabora las reglas de mercado? No es verdad que el gobierno se entrometa en el mercado, el gobierno crea las reglas bajo las cuales este se rige, y estas deben ser teóricamente neutrales o en todo caso en beneficio de la mayoría y en línea con la constitución. La mano invisible del mercado se mueve en un contexto determinado y unas reglas de juego visibles, pero en las últimas décadas esas reglas han sido moldeadas por el poder económico y el sistema financiero. Entonces, el problema ya no es de qué tamaño es el gobierno, sino para beneficio de quién es ese gobierno.
Las reglas que rigen un mercado son múltiples y diversas, pero para ayudarnos a entenderlas Reich las clasifica en cinco categorías: propiedad, monopolios, quiebra, contratos, y cumplimiento de la ley
Propiedad: ¿Quién es dueño de qué y qué cosas pueden tener dueño? ¿Qué puede ser propiedad privada, en qué condición y por cuánto tiempo?
Monopolio: ¿Hasta cuando se permite el abuso de posición de dominio? ¿Bajo qué reglas se pueden fusionar dos compañas? ¿Cuándo se puede permitir un monopolio natural?
Contratos: Las regulaciones sobre contratos señalan qué puede ser comprado y vendido, qué circunstancias constituyen fraude o coerción y qué sucede cuando las partes no cumplen lo que se han comprometido. ¿Cuándo se permiten las letras pequeñas? ¿Cuáles son los derechos del consumidor cuando se firma un contrato?
Quiebra: ¿Quiénes pueden quebrar? ¿Las empresas, las personas o ambas? ¿Pueden quebrar los estudiantes si tienen una deuda con el banco?
Enforcement (ejecución, aplicación, imposición): ¿Cómo se hacen cumplir las leyes? ¿Quién asigna el presupuesto para que se cumplan? ¿Cómo se calculan las penalidades por delitos y/o fallas administrativas? ¿Quiénes son los responsables de los delitos de una empresa?
En la segunda parte el libro explica la ilusión o mito de la meritocracia. La idea de que un trabajador recibe una remuneración en función de lo que vale esta tan enraizada en la sociedad que los que menos ganan suponen que es su culpa. Reich explica que existen muchos factores que determinan el éxito económico de una persona: la herencia, las conexiones, la universidad, la sociedad en la que uno se desenvuelve. Es así que la riqueza y pobreza no están absolutamente determinados solo por el talento, sino por las circunstancias en las que uno le tocó nacer y vivir. Esas circunstancias fueron balanceadas o equiparadas de alguna manera en Estados Unidos por el estado, a través de impuestos, de sindicatos, de sueldos mínimos y una serie de disposiciones económicas que hacían la disputa más pareja. Pero en las últimas décadas las reglas de juego cambiaron, el salario perdió poder adquisitivo, los sindicatos perdieron poder de negociación, y los lobbies y corporaciones ganaron protagonismo en la economía.
Hay una verdad del tamaño de un templo que señala Robert Reich y que yo he constatado una y otra vez en Perú: la gran mayoría de personas que celebra el supuesto “libre mercado” es aquella que justamente se beneficia de él. El debate infructuoso entre más mercado o más estado esconde una realidad mayor: que el rol necesario del gobierno en diseñar, organizar y hacer cumplir las reglas de mercado.

